Red instrumental de conservación

La Cueva de Nerja es una de las principales cavidades turísticas del país y recibe una media de 450.000 visitantes anuales. Este hecho contribuye notablemente al desarrollo económico local, pero genera determinadas actuaciones en zonas especialmente vulnerables, tanto en la propia cavidad como en su entorno superficial. En primer lugar, como sucede en todas las cuevas turísticas, ha sido necesario realizar diversas obras de acondicionamiento para su explotación, tanto en el exterior (construcción de restaurante, servicios, aparcamientos…) como en el interior de la propia cueva (construcción de caminos, instalación de sistemas de iluminación, impermeabilización de suelos...) En segundo lugar, la iluminación y la presencia de visitantes en el interior de la cavidad producen variaciones en sus parámetros ambientales (temperatura, humedad relativa y concentración del dióxido de carbono del aire de la cueva), contaminación y cambios en los parámetros físico-químicos de las aguas subterráneas, alteraciones de la roca y de los espeleotemas y contaminación microbiológica. El alcance de las modificaciones antrópicas depende de factores naturales, como son el volumen de la cavidad y su grado de ventilación, pero también de factores antrópicos, como el tipo de luz empleada en la iluminación, el número de visitantes y el tiempo medio de permanencia de éstos en la cavidad.

Para evaluar la influencia de los visitantes sobre el microclima, la hidroquímica y la microbiología de una cavidad turística es necesario caracterizar las condiciones microclimáticas de la cueva, definir la composición físico-química de las aguas de la cavidad y de su entorno, analizar el funcionamiento hidrogeológico de la cavidad e identificar y cuantificar las poblaciones microbiológicas existentes, estableciendo su interacción con los diferentes soportes (roca encajante, espeleotemas, pigmentos) y con el agua de infiltración. Con objeto de determinar en continuo los parámetros ambientales que sean más significativos se requiere una monitorización especializada, la cual permite establecer el número máximo de personas que pueden visitar la cueva con el mínimo deterioro, puesto que determina el comportamiento de la cavidad bajo la influencia humana (es decir, el impacto antrópico causado por la visitabilidad) y la capacidad de recuperación de la cueva.

En la Cueva de Nerja se llevan a cabo, desde hace más de dos décadas, profusas investigaciones multidisciplinares encaminadas a la conservación de la misma. Una red de monitorización integrada por diversos equipos ubicados en el interior de la cavidad permite controlar, con una periodicidad horaria, los principales parámetros de la atmósfera subterránea: temperatura, humedad relativa, concentración de CO2, O2 y Radón del aire, presión atmosférica, temperatura de la roca y velocidad de viento. En el exterior de la cavidad existe una estación meteorológica completamente equipada en la que también se ubican sensores de temperatura, humedad relativa, concentración de CO2 del aire y presión atmosférica.

Un sismógrafo y un acelerógrafo ubicados en una de las salas de la Cueva y pertenecientes al Instituto Andaluz de Geofísica, y un conjunto de estaciones de medida para un microerosiómetro, complementan el sistema de control ambiental de la cavidad.

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