Génesis de la Cueva de Nerja

La formación de la Cueva de Nerja se debe a un proceso geológico denominado karstificación: el agua de lluvia disuelve dióxido de carbono (CO2) del suelo y de la atmósfera, y se convierte así en un agua “ácida, agresiva”, que va disolviendo las rocas a medida que se infiltra por sus grietas y fracturas. El inicio de los procesos de disolución que dieron lugar a la Cueva de Nerja se sitúa hace más de 5 millones de años, en el Plioceno Inferior. Durante millones de años, el agua fue disolviendo las rocas a partir de estas zonas de debilidad, creando diferentes tipos de huecos y conductos. La progresión de la disolución, los movimientos sísmicos y el levantamiento del relieve de Sierra Almijara ocurridos durante este período de tiempo dieron lugar a la Cueva de Nerja que podemos admirar hoy.

Las formaciones que decoran las cavidades, denominadas genéricamente espeleotemas, guardan una estrecha relación con el agua. Tras su recorrido por el interior del macizo rocoso, el agua llega a la cavidad. Es entonces cuando se desgasifica (pierde su contenido en dióxido de carbono porque éste escapa hacia la atmósfera de la cueva) y se produce la precipitación de los minerales que lleva disueltos. La Cueva de Nerja puede considerarse como un auténtico museo de espeleotemas. A las famosas estalactitas, estalagmitas y columnas se suman un sinfín de formaciones mucho menos conocidas, pero extraordinariamente bellas, como los macarrones, las piñas, las uñas, las coliflores, las banderas…

FESTIVAL INTERNACIONAL DE MÚSICA Y DANZA


VISITA VIRTUAL